“La mujer en mi territorio es trabajadora y echada para adelante”, dice Ruth María Pérez mientras sostiene, orgullosa, un certificado de la Universidad Simón Bolívar que reconoce el esfuerzo y liderazgo de un total de 20 mujeres que, como ella, cumplieron el sueño de conformar dos asociaciones caficultoras: ASOMUCAFBU (Bucarasica) y ASOMUCAFAS (Aspasica), en Norte de Santander.
Aunque a sus 62 años Pérez está a punto de pensionarse, luego de alternar durante 30 años su labor como auxiliar de enfermería con el cultivo de café, está lejos de querer descansar de la vida en el campo. Tras años de arduo trabajo, su mente sigue enfocada en continuar el legado de sus padres. Quiere arar la tierra y permanecer entre los cafetales de su pueblo natal, en la vereda Agua Blanca, de Aspasica, donde cultiva tres hectáreas de café orgánico.
En sus ratos libres, Ruth María recoge dulces y coloridas semillas rojas en medio de un pintoresco paisaje junto a sus cinco nietos, a quienes desea dejarles el legado cafetero. “El café es una ayuda muy buena para la economía. Allá también se siembra yuca, apio, plátano y otros alimentos para el sostenimiento de mi familia”, comenta.
Ese es precisamente el propósito del proyecto Empoderamiento de la Mujer Rural, financiado mediante la Convocatoria 948 de 2024 de Minciencias, en el marco del Programa Orquídeas, Mujeres en la Ciencia. Agentes de Paz, ejecutado por la Universidad Simón Bolívar campus Cúcuta, a través del Centro de Investigación en Estudios Fronterizos (CIEF). La iniciativa busca fortalecer en la mujer rural procesos de asociatividad, emprendimiento y transformación para la formalización del negocio del café.
Durante 12 meses, mujeres investigadoras, de la mano de mujeres campesinas, construyeron modelos de negocio, aprendiendo a transformar el café pergamino en café en grano o molido, apto para el consumo y la comercialización. De esta manera, lograron mitigar las barreras de la cadena productiva del café en los municipios de La Playa de Belén y Bucarasica.
Según la investigadora principal, Akever Karina Santafé Rojas, en estancia posdoctoral en el CIEF, junto con la joven investigadora Yessica Damaris Castro Velandia y bajo la supervisión de Neida Coromoto Albornoz Arias, directora del CIEF, el mayor logro social del proyecto ha sido organizar y formalizar a las mujeres productoras de café. Como resultado, se crearon y registraron legalmente dos asociaciones ante la Cámara de Comercio, y sus marcas fueron radicadas ante la Superintendencia de Industria y Comercio.
“Buscamos cerrar brechas de género en el campo, entendiendo que el baluarte de la educación y la asociación comunitaria permite transformar social y económicamente el territorio. Cuando una mujer rural crece, impacta directamente a su familia y a su entorno”, afirmó Santafé Rojas.

Además de certificar el esfuerzo de estas mujeres, las 20 asociadas recibieron el diseño de dos páginas web comerciales. “Lo verdaderamente innovador es que cuentan con una estrategia de inteligencia artificial integrada. Con esto, las asociaciones podrán mapear y conectar en tiempo real con clientes potenciales para vender su café sin intermediarios tradicionales”, explicó la investigadora.
La directora del CIEF, Neida Coromoto Albornoz Arias, señaló que el Programa Orquídeas, a través de este proyecto, busca reivindicar el papel de la mujer en la ciencia y, por supuesto, beneficiar a las mujeres más vulnerables. “Las mujeres del sector rural soportan una alta carga de trabajo no remunerado y un tiempo invisibilizado que no es reconocido ni en el hogar, ni en la comunidad, ni por el Estado. El objetivo principal fue lograr que las productoras ascendieran en el escalafón de la cadena productiva”.
“El empoderamiento significa enseñarles que ellas también pueden ser autónomas en sus comunidades y motivar a más mujeres a sumarse. Luego de este proyecto se van con sus asociaciones creadas y sus marcas registradas ante la Superintendencia de Industria y Comercio para que puedan continuar por sí mismas este camino en beneficio de sus familias. Incluso, en algunos casos, sus esposos también se han vinculado a estos proyectos”, añadió Albornoz.
Por su parte, la representante legal de la Asociación de Mujeres Caficultoras de Bucarasica (ASOMUCAFBU) y directora del Hogar Juvenil Campesino de Bucarasica, Belkys Yaneth Pérez Quintero, expresó que la marca de la asociación, Amor de Bucarasica, representa para ellas la posibilidad de demostrar a sus familias y al municipio que, además de ser madres y esposas, también pueden ser empresarias autónomas.

“En mi caso, con mi familia tenemos 1.800 plantas en producción, 2.000 en proceso de renovación y estamos sembrando 1.220 matas nuevas. Producimos un café 100 % orgánico, cultivado en fincas sombreadas por árboles cítricos, sin uso de químicos ni prácticas de tala o quema. Es un café de excelente cuerpo, con notas y aromas dulces a chocolate y vainilla”, manifestó.
A su vez, Yaneth Carrascal, representante de la Asociación de Mujeres Caficultoras de La Playa de Belén, afirmó: “La mayoría de las mujeres somos de familias campesinas. Fuimos criadas en el campo y desde pequeñas comenzó nuestra historia sembrando, cargando y recogiendo café bajo las matas. Con este proyecto de la Universidad Simón Bolívar y el CIEF, por primera vez logramos organizarnos en una asociación legalmente constituida y registrar nuestra propia marca”.
El proyecto también contó con aliados estratégicos, como el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), el Centro de Formación para el Desarrollo Rural y Minero (CEDRUM) de Norte de Santander y la Asociación Regional de Hogares Juveniles Campesinos de Norte de Santander. Estas entidades recibieron un reconocimiento por su participación y por fortalecer los conocimientos de las mujeres en siembra, cultivo, cosecha, poscosecha y comercialización.
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